domingo, 30 de abril de 2023

Rafael Cadenas

 24 abril 2023

Rafael Cadenas en la ceremonia de entrega del Premio Cervantes

FUENTE DE LA IMAGEN,BALLESTEROS/POOL/E

Rafael Cadenas (Barquisimeto, 1930) ha acumulado a través de seis décadas una obra poética y ensayística que, en la actualidad es considerada un legado fundamental dentro de las letras hispanoamericanas, mucho más allá de las fronteras de su Venezuela natal.

Entre sus libros de poesía destacan Una isla (1958), Los cuadernos del destierro (1960), Derrota (1963), Falsas maniobras (1966), Intemperie (1977), Memorial (1977), Amante (1983), Gestiones (1992). Durante los últimos años su obra ha adquirido especial atención en España, con la publicación de sus últimos libros escritos hasta la fecha: Sobre abierto (2012) y En torno a Basho y otros asuntos (2016), ambos en Pre-textos y Contestaciones (2018) en Visor.

Cadenas, además es un destacado ensayista, género en el que ha abordado tanto sus intereses literarios como las problemáticas que han afectado desde hace décadas al sistema educativo venezolano respecto al uso de la lengua y en especial a la enseñanza de la literatura y la filosofía, entre otros temas. Entre sus ensayos constan Literatura y vida (1972), Realidad y literatura (1979), Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística (1977), La barbarie civilizada (1981), Anotaciones (1983), Reflexiones sobre la ciudad moderna (1983), En torno al lenguaje (1984), Sobre la enseñanza de la literatura en la Educación media (1998).

Adicionalmente, cuenta con la recopilación de traducciones El taller de al lado (2005) y con el volumen de aforismos Dichos (1992). No obstante, el recurso del aforismo está presente transversalmente en toda su obra, tanto en sus versos como también recogidos en medio de sus libros de poesía, ejemplo de esto es el volumen Memorial (1977). Al respecto, Darío Jaramillo Agudelo explica el carácter vertebral que adquiere dentro de la obra de Cadenas: «El aforismo, con toda su concisión, con el filo que tiene que poseer para cortar una capa ignorada de la realidad o del lenguaje, es también un medio limítrofe entre la poesía y la prosa. Y están, además, los poemas en prosa, prosas que son poemas y que enfrentan, como en toda su Obra entera, la luz quemante y enceguecedora de las revelaciones, la tiniebla estremecedora de quien mira hacia su adentro».

El conjunto de su obra ha sido objeto de distintas recopilaciones, tales como Antología (1996), a cargo de Monte Ávila Editores; Antología (1991) de Visor; Obra entera (2000 y 2009), editado por el Fondo de Cultura Económica (FCE); Poemas selectos (2004) en Bid & co. editor; Obra entera. Poesía y prosa (2007) en Pre-textos y Antología Poética (2016) realizada por Valparaíso Ediciones. Cabe destacar que su poesía ha sido traducida al francés, italiano e inglés.

Además, dentro de su ámbito laboral, se dedicó a la docencia por varias décadas en cursos de poesía española y norteamericana, al interior de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela.

Su poema «Derrota» (1963) es con el que más se ha identificado erróneamente su obra, compuesta por más de seis décadas de intensa creación literaria, desde la que muchos años después, incluso se engendró una respuesta a ese primer texto, en esta ocasión llamado «Fracaso» (1996).

Una de las preocupaciones del poeta venezolano a lo largo de su trayectoria ha sido el valor que tiene la palabra poética con respecto a la representación y registro de la realidad, lo que quedó recogido en su «Ars poetica» del libro Intemperie (1977): «No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadir brillos a lo que es/ Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad./ Seamos reales/ Quiero exactitudes aterradoras./ Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas».

El conjunto de su obra ha sido reconocido con el Premio Nacional de Ensayo (1984), Premio Nacional de literatura de Venezuela (1985), Premio San Juan de la Cruz (1992), Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances (2009), Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca (2015), Premio Andrés Bello de la Academia Venezolana de la Lengua (2015) y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2018), entre otros.

En reconocimiento a su legado literario, desde hace cinco años se organiza en su país el Concurso Nacional de poesía joven Rafael Cadenas, para autores venezolanos entre 18 y 30 años, a cargo de la Agrupación Autores venezolanos y la empresa privada.

Poemas

Derrota.

Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos
que me arrimo a las paredes para no caer del todo
que soy objeto de risa para mí mismo
que creí que mi padre era eterno
que he sido humillado por profesores de literatura
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo
que tengo vergüenza por actos que no he cometido
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle
que he perdido un centro que nunca tuve
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo
que no encontraré nunca quién me soporte
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición
que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo
(“Ud. es muy quedado, avíspese despierte”)
que nunca podré viajar a la India
que he recibido favores sin dar nada a cambio
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
que me dejo llevar por los otros
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
que todo el día tapo mi rebelión
que no me he ido a las guerrillas
que no he hecho nada por mi pueblo
que no soy de las FALN y me desespero por todas esas cosas y por otras
cuya enumeración sería interminable
que no puedo salir de mi prisión
que he sido dado de baja en todas partes por inútil
que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno
que me niego a reconocer los hechos
que siempre babeo sobre mi historia
que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento
que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo
que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
que llego tarde a todo
que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas
haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme,
barrer todo y crear de mi indolencia, mi flotación,
mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente
me suicido al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros
y de mí hasta el día del juicio final.

Las Pases
Lleguemos a un acuerdo, poema.
Ya no te forzaré a decir lo que no quieres
ni tú te resistirás tanto a lo que deseo.
Hemos forcejeado mucho.
¿Para qué este empeño en hacerte a mi imagen
cuando sabes cosas que no sospecho?
Líbrate ya de mí.
Huye sin mirar atrás.
Sálvate antes de que sea tarde.
Pues siempre me rebasas,
sabes decir lo que te impulsa
y yo no,
porque eres más que tú mismo
y yo sólo soy el que trata de reconocerse en ti.
Tengo la extensión de mi deseo
y tú no tienes ninguno,
sólo avanzas hacia donde te diriges
sin mirar la mano que mueves
y te cree suyo cuando te siente brotar de ella
como una sustancia
que se erige.
Imponle tu curso al que escribe, él
sólo sabe ocultarse,
cubrir la novedad,
empobrecerse.
Lo que muestra es una reiteración
cansada.
Poema,
apártate de mí.

Muelle de enormes llamas.
Navíos que viajan al sol,
música de tambores,
sales desencajadas,
niños desnudos,
marineros que descargan plátanos.
Ciudad de corazón de árbol, humedades
temblorosas, juncos que danzan.
La luz golpea mendigos,
divide el mundo en dos memorias.
Mi frente se hunde en la cesta del mediodía.
Soy latido, sonrisa, adoración.

Jorge Luis Borges

  



Jorge Luis Borges procedía de una familia de próceres de la milicia que contribuyeron a la independencia de su país. Pero fue su padre, Jorge Borges Haslam, quien rompiendo con la tradición familiar, trabajó como profesor de psicología e inglés. Había estudiado la carrera de derecho junto con su amigo de toda la vida Macedonio Fernández, pero no la ejerció y se volcó en lugar de ello a la literatura. Tuvo un gran responsabilidad en la formación y vocación literaria de su hijo Jorge Luis.

Su madre, la delicada Leonor Acevedo Suárez, era uruguaya. Aprendió inglés de su marido y tradujo varias obras de esa lengua al español. La familia de su padre tenía orígenes españoles, portugueses e ingleses; la de su madre, españoles y posiblemente portugueses. En su casa se hablaba tanto en español como en inglés. 

Borges nació en en una típica casa porteña de fines del siglo XIX, con patio y aljibe, dos elementos que se repetirán en sus poesías. Su casa natal estaba situada en la calle Tucumán, pero su infancia transcurrió un poco más al norte, en la calle Serrano 2135 del barrio de Palermo, donde creció junto a su hermana Norah.

La relación de Borges con la literatura comenzó a muy temprana edad, siendo que a los cuatro años ya sabía leer y escribir. Debido a que en su casa se hablaba tanto español como inglés, Borges creció como bilingüe. Con apenas seis años le expresó a sus padres su vocación de escritor, e inspirándose en un pasaje del Quijote redactó su primera fábula cuando corría el año 1907: la tituló 'La visera fatal'. A los diez años comenzó ya a publicar, pero esta vez no una composición propia, sino una brillante traducción al castellano de 'El príncipe feliz' de Oscar Wilde.

El inicio de su educación formal a los 9 años y en una escuela pública fue una experiencia traumática para Borges, los compañeros se burlaban de aquel sabelotodo, que llevaba anteojos, vestía como un niño rico, no se interesaba por los deportes y hablaba tartamudeando. Durante los cuatro años de su permanencia en ese colegio, Borges no aprendió mucho más que algunas palabras en lunfardo y varias estrategias para pasar desapercibido. En 1914, el padre de Borges tuvo que dejar su profesión, se vio obligado a jubilarse de profesor debido a la misma ceguera progresiva y hereditaria que décadas más tarde afectaría también a su hijo. Junto con su familia, se dirigió a Europa para someterse a un tratamiento.

 La familia se instaló en Ginebra (Suiza), donde el joven Borges y su hermana Norah asistirían a la escuela. Borges estudió francés y cursó el bachillerato en el Liceo Jean Calvin. El ambiente en aquel establecimiento educativo era completamente distinto al de su anterior escuela de Palermo, sus compañeros, muchos de ellos extranjeros como él, apreciaban ahora sus conocimientos e inteligencia y no se burlaban de su tartamudez. En el transcurso de esa época leyó sobre todo a los prosistas del Realismo francés y a los poetas expresionistas y simbolistas, especialmente a Rimbaud. A la vez, descubrió a Schopenhauer, a Nietzsche, a Carlyle y a Chesterton. Con la sola ayuda de un diccionario aprendió por sí mismo el alemán y escribió sus primeros versos en francés.

En 1921, regresó a Buenos Aires y fundó con otros importantes escritores la revista Proa. En 1923, publicó su primer libro de poemas, 'Fervor de Buenos Aires'. Desde esa época, se enferma de los ojos, sufre sucesivas operaciones de cataratas y pierde casi por completo la vista en 1955.

 Desde su primer libro hasta la publicación de sus Obras Completas (1974), trascurrieron cincuenta años de creación literaria durante los cuales Borges superó su enfermedad escribiendo o dictando libros de poemas, cuentos y ensayos, admirados hoy en todo el mundo. Recibió importantes distinciones de diversas universidades y gobiernos extranjeros y numerosos premios, entre ellos el Cervantes en 1980.

A pesar de su enorme prestigio intelectual y el reconocimiento universal que ha merecido su obra, no fue distinguido con el Premio Nobel de Literatura, sin embargo estuvo nominado ocho veces, desde 1956 a 1966. Se especula que no se lo otorgaron por razones políticas.

Su obra fue traducida a más de veinticinco idiomas y llevada al cine y a la televisión. Prólogos, antologías, traducciones, cursos y charlas dan testimonio de la labor infatigable de ese gran escritor, que cambió la prosa en castellano, como lo han reconocido sin excepción sus contemporáneos. En 1986, al conocerse enfermo de cáncer, fijó su residencia en Ginebra donde falleció el 14 de junio.

  1. 1964



    Ya no es mágico el mundo. Te han dejado. 
    Ya no compartirás la clara luna 
    ni los lentos jardines. Ya no hay una 
    luna que no sea espejo del pasado, 

    cristal de soledad, sol de agonías. 
    Adiós las mutuas manos y las sienes 
    que acercaba el amor. Hoy sólo tienes 
    la fiel memoria y los desiertos días. 

    Nadie pierde (repites vanamente) 
    sino lo que no tiene y no ha tenido 
    nunca, pero no basta ser valiente 

    para aprender el arte del olvido. 
    Un símbolo, una rosa, te desgarra 
    y te puede matar una guitarra. 

    II 

    Ya no seré feliz. Tal vez no importa. 
    Hay tantas otras cosas en el mundo; 
    un instante cualquiera es más profundo 
    y diverso que el mar. La vida es corta 

    y aunque las horas son tan largas, una 
    oscura maravilla nos acecha, 
    la muerte, ese otro mar, esa otra flecha 
    que nos libra del sol y de la luna 

    y del amor. La dicha que me diste 
    y me quitaste debe ser borrada; 
    lo que era todo tiene que ser nada. 

    Sólo que me queda el goce de estar triste, 
    esa vana costumbre que me inclina 
    al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

  2. El amenazado

    Es el amor. Tendré que cultarme o que huir. 
    Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. 
    La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. 
    ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, 
    la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, 
    la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, 
    los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño? 
    Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. 
    Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se 
    levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz. 
    Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. 
    Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles. 
    Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. 
    Ya los ejércitos me cercan, las hordas. 
    (Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.) 
    El nombre de una mujer me delata. 
    Me duele una mujer en todo el cuerpo.

  3. El enamorado

    Lunas, marfiles, instrumentos, rosas, 
    lámparas y la línea de Durero, 
    las nueve cifras y el cambiante cero, 
    debo fingir que existen esas cosas. 

    Debo fingir que en el pasado fueron 
    Persépolis y Roma y que una arena 
    sutil midió la suerte de la almena 
    que los siglos de hierro deshicieron. 

    Debo fingir las armas y la pira 
    de la epopeya y los pesados mares 
    que roen de la tierra los pilares. 

    Debo fingir que hay otros. Es mentira. 
    Sólo tú eres. Tú, mi desventura 
    y mi ventura, inagotable y pura.

  4. Las causas

    Los ponientes y las generaciones. 
    Los días y ninguno fue el primero. 
    La frescura del agua en la garganta 
    de Adán. El ordenado Paraíso. 
    El ojo descifrando la tiniebla. 
    El amor de los lobos en el alba. 
    La palabra. El hexámetro. El espejo. 
    La Torre de Babel y la soberbia. 
    La luna que miraban los caldeos. 
    Las arenas innúmeras del Ganges. 
    Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña. 
    Las manzanas de oro de las islas. 
    Los pasos del errante laberinto. 
    El infinito lienzo de Penélope. 
    El tiempo circular de los estoicos. 
    La moneda en la boca del que ha muerto. 
    El peso de la espada en la balanza. 
    Cada gota de agua en la clepsidra. 
    Las águilas, los fastos, las legiones. 
    César en la mañana de Farsalia. 
    La sombra de las cruces en la tierra. 
    El ajedrez y el álgebra del persa. 
    Los rastros de las largas migraciones. 
    La conquista de reinos por la espada. 
    La brújula incesante. El mar abierto. 
    El eco del reloj en la memoria. 
    El rey ajusticiado por el hacha. 
    El polvo incalculable que fue ejércitos. 
    La voz del ruiseñor en Dinamarca. 
    La escrupulosa línea del calígrafo. 
    El rostro del suicida en el espejo. 
    El naipe del tahúr. El oro ávido. 
    Las formas de la nube en el desierto. 
    Cada arabesco del calidoscopio. 
    Cada remordimiento y cada lágrima. 
    Se precisaron todas esas cosas 
    para que nuestras manos se encontraran.

  5. Lo perdido

    ¿Dónde estará mi vida, la que pudo 
    haber sido y no fue, la venturosa 
    o la de triste horror, esa otra cosa 
    que pudo ser la espada o el escudo 

    y que no fue? ¿Dónde estará el perdido 
    antepasado persa o el noruego, 
    dónde el azar de no quedarme ciego, 
    dónde el ancla y el mar, dónde el olvido 

    de ser quien soy? ¿Dónde estará la pura 
    noche que al rudo labrador confía 
    el iletrado y laborioso día, 

    según lo quiere la literatura? 
    Pienso también en esa compañera 
    que me esperaba, y que tal vez me espera.

  6. Ausencia

    Habré de levantar la vasta vida 
    que aún ahora es tu espejo: 
    cada mañana habré de reconstruirla. 
    Desde que te alejaste, 
    cuántos lugares se han tornado vanos 
    y sin sentido, iguales 
    a luces en el día. 
    Tardes que fueron nicho de tu imagen, 
    músicas en que siempre me aguardabas, 
    palabras de aquel tiempo, 
    yo tendré que quebrarlas con mis manos. 
    ¿En qué hondonada esconderé mi alma 
    para que no vea tu ausencia 
    que como un sol terrible, sin ocaso, 
    brilla definitiva y despiadada? 
    Tu ausencia me rodea 
    como la cuerda a la garganta, 
    el mar al que se hunde.


miércoles, 1 de marzo de 2023

Rubén Darí­o

 


Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darí­o (Metapa, hoy Ciudad Darío, Matagalpa, 18 de enero de 1867 - León, 6 de febrero de 1916), fue un poeta nicaragüense, máximo representante del modernismo literario en lengua española. Es posiblemente el poeta que ha tenido una mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispánico. Es llamado prí­ncipe de las letras castellanas.

Fue el primer hijo del matrimonio formado por Manuel Garcí­a y Rosa Sarmiento, quienes se habían casado en León el 26 de abril de 1866, tras conseguir las dispensas eclesiásticas necesarias, pues se trataba de primos segundos. Sin embargo, la conducta de Manuel, aficionado en exceso al alcohol y a las prostitutas, hizo que su esposa embarazada abandonara el domicilio conyugal y diera a luz a Rubén en Metapa. Un tiempo después, su madre, conoció a otro hombre y se trasladó a vivir a Honduras.


La infancia de Rubén Darío transcurrió en la ciudad de León, criado por sus tíos abuelos Félix y Bernarda, a quienes consideró en su infancia sus verdaderos padres. Apenas tuvo contacto con su madre, ni con su padre, a quien llamaba "tío Manuel". 

Obra poética: Rimas, 1887. Canto épico a las glorias de Chile, 1887. Poema del otoño y otros poemas, 1910. Canto a la Argentina y otros poemas, 1914.

Prosa: Los raros, 1906. El viaje a Nicaragua e Intermezzo tropical, 1909. Historia de mis libros, 1916. Prosa dispersa, 1919.


A Margarita Debayle

Margarita está linda la mar,
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:

Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú.

Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: —«¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
—«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».

Y el rey clama: —«¿No te he dicho
que el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar».

Y ella dice: —«No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».

Y el papá dice enojado:
—«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: —«En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».

Viste el rey pompas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

César Vallejo; tres poemas, tres épocas. Un paseo por el alma y la palabra de un poeta inolvidable.

Selección de poemas de César Vallejo

















Inventor de palabras, creador de nuevas imágenes que dibujan dolor, muerte, recuerdos, cotidianidad, humanidad creciente… Renovador, modernista, vanguardista, mago de la palabra, rompedor en forma y estilo, capaz de convertir lo sencillo en profundo, este es Cesar Vallejo (1892-1938), uno de los máximos poetas en lengua hispana, que empezó su vida en un pueblo de los Andes peruanos y la terminó 46 años después en París.

Una vida la suya corta en tiempo, pero larga en intensidad: la de un hombre que sintió al hombre y sus penalidades; la de un poeta que absorbió y renovó los estilos.

Así pasó de la superación del Modernismo, en su primer libro, Los heraldos negros (el mismo título lleva el poema elegido), a la ruptura de las formas tradicionales que adjetiva su segundo libro, Trilce, para llegar con una enorme carga de sentimiento a Poemas humanos, su último libro, su gran obra, donde refleja su inquietud y su cercanía al dolor ajeno.

Estos tres poemas son una invitación a sentarse, leer o releer, siempre despacio, a César Vallejo para pensar, percibir, absorber su riqueza interior y acercarnos a lo que él sintió al escribir sus versos.


Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!


Trilce LXII

Alfombra
Cuando vayas al cuarto que tú sabes,
entra en él, pero entorna con tiento la mampara
que tánto se entreabre,
cása bien los cerrojos, para que ya no puedan
volverse otras espaldas.

Corteza
Y cuando salgas, di que no tardarás
a llamar al canal que nos separa:
fuertemente cojido de un canto de tu suerte,
te soy inseparable,
y me arrastras de borde de tu alma.

Almohada
Y sólo cuando hayamos muerto ¡quién sabe!
Oh nó. Quién sabe!
entonces nos habremos separado.
Mas si, al cambiar el paso, me tocase a mí
la desconocida bandera, te he de esperar allá;
en la confluencia del soplo y el hueso,
como antaño,
como antaño en la esquina de los novios
ponientes de la tierra.

Y desde allí te seguiré a lo largo
de otros mundos, y siquiera podrán
servirte mis nós musgosos y arrecidos,
para que en ellos poses las rodillas
en las siete caídas de esa cuesta infinita,
y así te duelan menos.


Considerando en frío, imparcialmente

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina…

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa…

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona…

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza…

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo…

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente…

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito…

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.

¡Qué más da! Emocionado… Emocionado…

Antonio Machado

  (Sevilla, 1875 - Collioure, 1939) Poeta español. Aunque influido por el modernismo y el simbolismo, su obra es expresión lírica del ideari...